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¿Atacar, defender o no posicionarse?

Todo cambia, todo está sujeto a evolución. El fútbol comenzó atacando, pasó a defender y ahora estamos todos en el medio del camino.

Entre Líneas, Tamara Blasco| Nacemos siendo un lienzo en el que todos querrán pintar pero sobre el que cada uno de nosotros debe tener la potestad de autocolorear. No lo hacemos, preferimos ser embajadores de una copia de Picasso que un yo verdadero.

La humanidad tendrá que asumir la complejidad de entender que no se puede vivir ombligatoriamente, es decir, según lo que convenga a mi ombligo. Un equipo de fútbol se forma y busca un objetivo común, negándose a la individualidad.

En el comienzo de los tiempos, existía un cancerbero y diez delanteros. Jugadores como cajas estancas sin binomio, grupo y/o equipo. De ahí se pasó a todo lo contrario, sistemas de trincheras donde pisar el área contraria era enfrentarse a un ejército de defensas, zona de acumulación donde un portero era franqueado por nueve jugadores y a lo lejos el eslabón perdido que amargamente esperaba una pelota como quien anhela la oportunidad de brillar en la vida. Todo esto hasta llegar a la actualidad con una superpoblación en la zona media adoptando como propia la ocupación racional del terreno de juego como los hippies hicieron con el amor y los campos de cultivo frente a un país que vio en Vietnam al enemigo.

El mecanismo capitalista occidental dependerá para su funcionamiento de la mano de obra del inmigrante joven. Esta afirmación tiene su miga. Es cierto que la población europea está envejecida, no hay dinero para las pensiones y los jóvenes preparados abandonan sus países guiados por una estrella polar que muchas veces no llega a ser ni fugaz. Sobre el césped, dos equipos de once jugadores se enfrentan durante 90 minutos buscando la victoria. Pocos equipos sobreviven sin extranjeros o vecinos de otras comunidades. De once que hay en el campo, es posible que la mayoría no sea del lugar de residencia del propio club o incluso geográfico de la nación del equipo. Y funciona, vaya si funciona. Funciona y es necesario. De los once, no todos son de clase mundial. El equipo necesita de efectivos talentosos tanto como de quienes barren la casa, sudan, no tienen bicicletas pero se remangan y reparten las cartas para que todo salga según el objetivo fijado.

El mundo está en manos de 540 familias millonarias que mueven el cotarro. El fútbol está en manos del capricho de cuatro grandes clubes mundiales más un país que está comenzando la casa por el tejado convirtiéndose en el retiro soñado de quienes tienen los bolsillos llenos a rebosar.

Entendido esto… ¿no hay nada que hacer? Contrariamente, está todo por hacer. No podemos agachar la cabeza y esperar que un golpe en el dedo pequeño del pie derecho contra la esquina de la cama, haga que esta gente quiera facilitar el camino al resto de esa humanidad de la que comenzamos hablando. Eso no sucederá. Somos personal de mantenimiento con capacidad para el ascenso.

 

 

Fuente imagen: http://diariolahuella.com

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