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Dar para obtener

El sabio no es el hombre que proporciona las respuestas verdaderas, es el que formula las preguntas verdaderas. Claude Lévi Strauss.

Tamara Blasco | La Laguna. Para muchos equipos termina la temporada de manera temprana y comienzan a buscar culpables, verdugos y demás individuos a quienes cargarles el muerto de aquellos resultados que no han obtenido, no por tratarse de un Expediente X, más bien porque si no has puesto el corazón en lo que haces, los frutos no se presentan. Pero imputamos a otros cuando deberíamos golpearnos el pecho al ritmo de: por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Equipos con presupuestos que rescatarían al cuarto mundo, sumido en la crisis del primero, sin las posibilidades del segundo y viviendo lo mismo que el tercero mientras un escaparate en medio de la Milla de Oro les devuelve a la cruda realidad: el rico engaña lo que el pobre produce. Asco da hablar del espectáculo circense al que nos hemos sometido pero que hemos creado y diariamente adoramos, pues estos personajes que invaden telediarios, son dueños de portadas e imágenes de todo tipo de artículos no serían absolutamente nada si administráramos nuestros bolsillos conforme al mundo en el que vivimos. Pero no, sólo unos pocos dan verdadero valor a lo que lo tiene, que no es otro que la nobleza, la pureza de corazón y la sabiduría que envuelve el arte del buen hacer.
Queremos subir el nivel del grupo canario de la Segunda División Nacional Femenina. Para ello solicitamos volver al mismo sistema de antaño, pero las cosas han cambiado y no sólo hablo de la recurrida crisis. El trato que le damos a este deporte no es el mismo que hace unos años. Ahora nos preocupamos menos por la cantera y más por el resultado a corto plazo, lo que hace que menospreciemos el trabajo que se le debe procurar a las categorías que vienen subiendo desde iniciación hasta que llegan a nuestras manos. Con pararnos a escuchar a entrenadores como Vicente Del Bosque, sabríamos que la solución está más cerca, pues es un acérrimo defensor de dotar a los equipos de base de los mejores entrenadores. Pues nosotros hacemos lo contrario, damos lo que sobra o molesta a los niños y queremos tener un nombre o prestigio en juveniles como mínimo. ¿Y el que lleva un prebenjamín? ¿Es un don nadie? ¡No! Un don nadie eres tú que crees que tu cadete es la leche porque lleva un escudo que no te representa, te acompañas de una carpeta, un pito y cuatro conos, das órdenes sin sentido, vociferas al desafortunado que se cruza en tu camino, y olvidas que lo que tienes contigo es un grupo de niños a los que prestas un servicio. Ellos no están ahí para darte la gloria, tú te sirves de ellos para sentirte el puto amo del fútbol, cuando el espejo te muestra que eres un vestigio de lo que un día quisiste ser.
Y seguimos intentando buscar respuestas a lo que nos rodea, dar sentido a nuestras vidas. Queremos aclarar todas esas dudas que surgen dentro de nosotros, saber el por qué de las cosas, mitigar el dolor de vernos perdidos entre tantas sombras. Estamos muy equivocados pues las respuestas no llegan ya que no somos capaces de hacer las preguntas correctas. ¿Por qué…? No, ese no es el camino, no me sacará de este estado de ansiedad, nunca podrá ayudarme a crearme un yo que me identifique. Debemos enfocar nuestra vida hacia cómo queremos que se desarrolle. Si yo quiero ser futbolista debo seguir unos determinados pasos para conseguirlo. No es válido que dentro de siete años me pregunte por qué no fui capaz de llegar a la cima si no llevé la vida que mi sueño proclama. Tampoco me vale que nos presentemos en la Federación y exijamos una liga de una determinada manera cuando no estamos preparados para asumirla. Primero hay que ser capaz de tomar el control de la situación, identificar a los actuantes, valorar los daños, determinar los beneficios, etc. y nos daremos cuenta de que es insostenible una liga para toda Canarias mientras sigamos empeñados en desear el mal del equipo vecino, mientras sigamos metiendo la zancadilla al que triunfa o hundiendo más al que no tiene tanta suerte. Para reflotar el barco, todos debemos remar en la misma dirección, cosa que la mayoría de equipos no está dispuestos a hacer. Otra vez más, dejemos de pedir lo que no somos capaces de dar.

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